
así se llama el último perfume de Calvin Klein,
como pretendiendo comparar un olor
con un momento de entusiasmo,
Pedaleando con mi bicicleta prestada n°2
al pasar veo el anuncio en la parada del bus
y me digo:
ya han cambiado al de esta semana,
con la modelo de turno para llamar la atención.
Pienso en todos los carteles publicitarios
con los que me he estado cruzando
estas cuatro semanas y no sabría enumerarlos.
Pero siempre recordaré el primero:
una marca de ropa conocida, cuyo nombre desconozco,
que me alegraba la vista todos los días.
Todos los siete días que duró.
Siempre me quedará esa imagen como un momento,
tan intenso como la euforia,
pero tan simple como la vida:
los primeros pasos en linea recta de un infante.
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Ha ocurrido exactamente
como con mis colonias y aromas,
me acompañan lo que dura su uso
El tiempo que alimentan mi olfato forman parte de mí,
forman esa época de mi vida,
la clasifican y la hacen más llevadera en compañía
Por eso, inmediatamente cambio,
porque otro ciclo está al entrar siempre después
A pesar de saberlo a poco, es ese momento intenso,
Exactamente
como pretenden las campañas publicitarias,
en la carrera desesperada del consumismo,
aunque no sepan respetar
más de siete días de euforia en las personas,
O quizá no dure ni eso, sino más que un momento,
cada siete días, intenso que se convierte en ley,
Porque ya no se sabe apreciar, no se sabe conllevar,
no se sabe perserverar.
Voy a patentar pues, mi propia fragancia: subidón
Quien la quiera para ese instante de gloria,
Y para quien la quiera para una semana,
y para quien necesite, como mínimo, un mes,
Y para mí para siempre.